‘Ayer no termina nunca’, historia intima de amor

22 04 2013
Candela Peña e Isabel Coixet

Candela Peña e Isabel Coixet

Sección Oficial del 16 Festival de Málaga.

Juan J. Loza. Una historia intima de amor protagonizada por una pareja que se busca y se repele. Un reencuentro cinco años después. Unas heridas pasadas que afloran y que han marcado su presente. Isabel Coixet arriesga y apuesta por una historia ambientada en 2017, un futuro no muy lejano en una España hundida por la crisis y protagonizada por una pareja de excelentes actores: Javier Cámara y Candela Peña. Un guión escueto, denso, poético y llevado por el hilo conductor de un final plano y, a la vez, poético, arrastrado por la emotividad de unos hechos que son difíciles de aceptar y afrontar.

Coixet reclama la atención del espectador para que se deje empapar del amor como un proceso de introspección que necesita volcarse en el otro. La extraña pareja sufre el amor, padece, se retuerce hasta dejarte helado por la perdida de un hijo. Cada uno entonces busca y no encuentra consuelo; posibles respuestas y se topan con el sin sentido; ayuda pero no la piden o no son capaces de salir del agujero negro. Tanta perplejidad y contrariedad de Coixet te deja desarmado, te agota, te deja sin respiración. Tan sólo intenta un ejercicio vago de respirar a través de unas impactantes imágenes poéticas, símbolos como el agua, la luz amarilla o el juego de cámaras. Lo que provoca una bella factura visual, pero poco más. Tanto ejercicio de sensibilidad provoca un agotamiento. Pero si el espectador se deja interpelar por sus descripciones del amor como lo cercano, lo lejano, lo perplejo que provoca rabia, huida y el final, el amor como misterio. Pero, un misterio que no trasciende la realidad, lo que te deja encerrado o enclaustrado en el dolor sin sentido. Sólo, cuando se sale de la terrible cueva, se puede descubrir algo nuevo. Tal vez, le falta algo de oxígeno que te confiere un corazón que confía en alguien, en otro para salir de la oscuridad. Tal vez, le falta algo de mirada hacia otros lados y a Dios por qué no. Pero, lo inteligente de Isabel Coixet es que su ejercicio emotivo es para que el espectador se conmueva, se pregunte y busque lo cree y lo que ama. La respuesta la tiene cada uno.

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