Entrevista con José Mercé: “Salí con trece años de la iglesia y me fui a cantar flamenco”

22 06 2013

Jose.Merce.EntrevistaJuan J. Loza. “Me he criado en la Basílica de Nuestra señora de la Merced”, afirma José Mercé (1955, Jerez de la Frontera), cantaor flamenco que recuerda sus años de niño cantor en la Escolanía de la Merced, de donde le viene su nombre artístico: “mi infancia, los años más felices”. Procede de una casta gitana, trasmite fuerza, verdad, naturalidad y tiene la mirada de un niño travieso. Una entrevista concedida a diocesismalaga.es

– En su dilatada carrera ¿con qué momento se queda?
Hay muchos momentos vividos pero me quedaría con el flamenco, o sea, con el día a día y con lo que es la importancia de la cultura del flamenco.

– A Santa Teresa de Jesús se le atribuye una frase: “Hijas mías, no olvidéis la casta de dónde venís y nuestra casta es el Amor”. ¿Cuál es la casta de donde viene?

Vengo de una dinastía con mucha casta donde lo que hemos mamado desde chiquititos ha sido flamenco. Mi familia, mis tíos, todos, tenían el pelo blanco y decían: “esto es de casta, hijo”. Eso del pelo blanco es muy nuestro.

– Su último trabajo, “Mi única llave”, ha querido volver a sus orígenes, recuperar el sentido más puro del flamenco en pleno siglo XXI

Un disco muy flamenco, fresco, hecho con mucho corazón y mucha alma. Yo diría que la cultura nuestra del flamenco debe de evolucionar como todas. Creo que lo que hacemos es un flamenco del siglo XXI donde hay grandes músicos del mundo: un pianista del jazz que toca ‘Zambra, la salvaora’ de Manolo Caracol, ese genio que tuvimos. Un violinista joven de Jordania y que toca el violín que no se puede aguantar. Es un disco muy completo, creo que ha que tenerse en cuenta porque va a perdurar en el tiempo.

– ¿Qué queda de aquel niño que cantaba a Dios en la Escolanía de la Merced?

Todo. Mi infancia, los años más felices. Yo entré en la Escolanía con seis años y estuve hasta los trece. Entré de cantor y llegué a ser solista, luego monaguillo. Recuerdo a Montesinos que nos probaba la voz con el piano en la sala de ensayo. Lo primero que cantaba era el himno de la patrona (y canta), “Madre de los jerezanos y de sus campos en flor, una corona de amor…” Entonces yo cantaba muy flamenco y Montesinos me decía: “tan flamenco, no”. Afortunadamente entré y guardo grandes recuerdos. Date cuenta que nosotros íbamos todos los días, las misas a las ocho de la tarde eran cantadas y los sábados cantábamos la salve a nuestra Madre. Recuerdo una época muy bonita donde tuve la suerte de poder aprender y estudiar, así nos lo repetía el padre superior. Teníamos un profesor para cada asignatura y nuestros padres no pagaban nada. De los veinte niños que éramos todavía seguimos en contacto, todos son buena gente, sana, cada uno en su oficio, pero no olvidamos esos tiempos tan bonitos que pasamos en la Escolanía. Tan sólo el ‘Vaca’ se ordenó padre mercedario, el único que aprovechó esos estudios. Cada vez que vuelvo a Jerez, voy a ver la patrona, a los Mercedarios, ahora, los veo como amigos.

– ¿A qué o quién recurre en los momentos de soledad o vacío?

Siempre, siempre recurro a mi hijo Curro, Dios lo tenga en su gloria. Se me fue con catorce años recién cumplidos, nació con un mal en el corazón. Siempre que voy a salir al escenario, recurro a él, siempre está conmigo. Me acuerdo de una anécdota, cuando me ocurrió, claro, te enfadas mucho con todo el mundo y en una entrevista me preguntaron, “tienes temor”, dije: “yo, no tengo temor a nadie”, en fin. Entonces, mi catequista, la señorita Concha que me conoció con cuatro años, leyó el periódico y me escribió una carta maravillosa diciéndome de dónde venía, quién era, cómo era. Todas esas cosas son muy importantes. Date cuenta que yo salí con trece años de la iglesia y me fui a cantar flamenco, me fui a un tablao, imagínate el cambio cómo era. Luego, de joven he recorrido el mundo con Antonio Gades. He tenido la suerte de vivir muchas culturas, de ver cosas, malas, buenas. Todo eso te enriquece. Por eso, me da mucho coraje cuando nuestra tierra, nuestro país, no le hace caso a la cultura del flamenco que tan importante es.

– ¿Cuáles son los pilares del flamenco?

El flamenco es forma de vivir, yo no sabría vivir sin flamenco porque es lo que hecho toda mi vida. El flamenco si tiene un amor y en la familia en la raza gitana somos diferentes. Por ejemplo, los gitanos somos incapaces de llevar a un anciano a una residencia. El gitano tiene otra forma de sentir el flamenco.

– ¿Qué le diría a los lectores de Diócesis Málaga?

Si son creyentes y van a misa con esa fe, me parece genial. Yo me he criado en la Iglesia, me he criado en la Basílica Nuestra señora de la Merced de Jerez. Lo único que hay que hacer es sentirlo de verdad, tener un poquito de fuerza, de fe y de querer ser cada día mejor persona. A mí lo que más me duele en estos momentos es la deshumanización.

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